La lucha entre el poder constituido y constituyente se da en todos los aspectos de la sociedad. En internet, la revolución llegó para quedarse: reinvención y apropiación colectiva para la resolución de nuestras necesidades. Hoy las posibilidades de mejorar la comunicación y movilización de los colectivos sociales no tiene límites. Sin embargo, los errores que cometamos nos costaran caro en el futuro, y por lo tanto es necesario entrar a la lucha tecnológica con claridad ideológica.
El internet tiene sus origenes en la paranoia nuclear de la Guerra Fría de EEUU, siendo un proyecto de corte militar, que pasó al mundo civil bajo la idea del “fin de la historia”. Casi de inmediato se convierte en el principal motor de la globalización neoliberal en lo económico, y en lo político-social hasta podría decirse que fue el deleite del posmodernismo; la ilusion de que lo nacional ya no era importante.
Tod@s tenían voz y opinión, pero destino o direccion politica, ningun@. Mejor aún, el consumo de nuevas tecnologías reducía la amenaza al orden establecido. Hoy los movimientos sociales, alternativos y el proletariado del sector tecnológico van sumando fuerzas aisladamente en el centro industrializado. En la periferia está la masa popular, las materias primas y la fuerza política, pero alejada de las tecnologias que cohesionaron el capitalismo como un sistema global. En la unión estará la fuerza, y por ello es necesario cohesionar la ideologia y accionar politico con las nuevas tecnologias de informacion y comunicacion.
Las tecnologías libres agudizan las contradicciones en un sistema que se siente amenazado en todos los espacios. En Venezuela no ha calado aún con suficiente fuerza esta idea, y las grandes trasnacionales hacen más dinero aquí que en sus países de origen. Para usar Twitter no es necesario un (infame) BlackBerry; y para participar en una red social no es necesario Twitter, pero pocos lo saben. Estas redes sociales son espacios virtuales que no conforman necesariamente una red real. Si el 13 de abril fueron suficientes los mensajes de texto, la capacidad de respuesta será mayor si nos apropiamos de las tecnologías actuales.
En Venezuela damos pasos firmes al crear la infraestructura para la manufactura de equipos y la democratización del acceso a las telecomunicaciones, pero los pasos son tímidos en el campo digital. El uso de tecnologías libres es una orientación firme, pero nos queda aún el reto de concretar Fábricas de Contenidos con estrategias efectivas para la democratización del conocimiento, con lo que debilitaremos a los agentes del capitalismo mundial, mientras potenciamos la movilización popular con medios propios.
La coyuntura actual representa un momento propicio para que, en este proceso dialéctico, se resuelvan las contradicciones mediante el impulso al desarrollo de tecnología junto a contenidos propios: independencia y soberanía en el conocimiento.
Caracas
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